Es indignante, frustrante y, sobre todo, una muestra clara del fracaso de los Estados implicados. La muerte de dos agentes de la Guardia Civil en el puerto de Barbate a manos de un narco marroquí no es solo un trágico accidente, es el símbolo de una guerra perdida por la dejadez de dos gobiernos: el de España y el de Marruecos. Han pasado meses desde el suceso y, a pesar de que la Guardia Civil ha localizado a Karim Gabarde, el conductor de la lancha que acabó con la vida de nuestros agentes, Rabat sigue jugando al despiste, alegando "desconocimiento" del paradero de este criminal. ¿De verdad esperan que creamos tal desfachatez?
