Cuando un país escucha que, supuestamente, desde el entorno del propio presidente del Gobierno se dio la orden de “limpiar” tras un caso que salpica directamente a su esposa, no hablamos ya de un problema judicial, sino moral. Lo que ha revelado el fiscal Ignacio Stampa en su denuncia, incorporada al sumario del caso Begoña Gómez, es algo que debería helar la sangre a cualquier demócrata: la sospecha de que se intentó tapar lo que incomodaba a Moncloa.
