La Autopista Nacional
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Ya no sorprende a nadie, pero eso no significa que no indigne. El último barómetro del CIS vuelve a colocarnos frente a la enésima “cocina” de José Félix Tezanos, ese maestro de los fogones demoscópicos al servicio del PSOE. Según su particular receta, los socialistas aventajan al PP en quince puntos y Vox ya casi respira en la nuca de Feijóo. Uno no sabe si reír o llorar. Lo que está claro es que, en términos de credibilidad, el CIS lleva tiempo cocido de más.

Ya no sorprende a nadie, pero eso no significa que no indigne. El último barómetro del CIS vuelve a colocarnos frente a la enésima “cocina” de José Félix Tezanos, ese maestro de los fogones demoscópicos al servicio del PSOE. Según su particular receta, los socialistas aventajan al PP en quince puntos y Vox ya casi respira en la nuca de Feijóo. Uno no sabe si reír o llorar. Lo que está claro es que, en términos de credibilidad, el CIS lleva tiempo cocido de más.

El problema no es solo que las encuestas de Tezanos sean favorables a su partido —que lo son, descaradamente—, sino que lo haga con total impunidad, sin el más mínimo rubor. Da la sensación de que el organismo público se ha convertido en un instrumento más de propaganda, en lugar de un termómetro serio de la opinión pública. Y eso, en democracia, es gravísimo. Porque si se manipulan los datos para intentar moldear la percepción de la gente, se está jugando con la confianza de todos.

Mientras tanto, el PP asiste con impotencia a estos ejercicios de ilusionismo estadístico y Vox aprovecha para presentarse como la alternativa “auténtica”. Todo un cóctel explosivo que solo sirve para enrarecer aún más el ambiente político y alejar a los ciudadanos de la política. Cada vez menos gente cree en los barómetros del CIS, y con razón: cuando el cocinero tiene el delantal rojo, el plato siempre sabe a lo mismo.

Tezanos parece vivir instalado en una burbuja, convencido de que sus números son una verdad revelada. Pero la realidad, tozuda, siempre acaba poniéndolos en su sitio la noche electoral. Y ahí es cuando el castillo de naipes se derrumba y la “magia” del CIS se evapora. Hasta entonces, seguiremos asistiendo a esta tragicomedia mensual que ya no informa, sino que deforma.

Porque lo peor no es que el CIS se equivoque, sino que ya nadie crea que lo haga por error.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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