Pedro Sánchez no deja pasar una semana sin apuntar con el dedo a los demás. Ahora acusa a la derecha de convertirse en “satélite” de la extrema derecha, intentando vendernos que el problema de España está fuera de su Gobierno. Pero lo cierto es que su discurso es un viejo truco: distraer para que no miremos las puertas que él mismo abre al caos.
Pedro Sánchez no deja pasar una semana sin apuntar con el dedo a los demás. Ahora acusa a la derecha de convertirse en “satélite” de la extrema derecha, intentando vendernos que el problema de España está fuera de su Gobierno. Pero lo cierto es que su discurso es un viejo truco: distraer para que no miremos las puertas que él mismo abre al caos.
Mientras Sánchez señala al vecino, su propio patio está lleno de sombras: Cerdán, Koldo, Ábalos, su hermano, su mujer… una lista interminable que no deja de recordarnos que los problemas judiciales lo rodean, y que la transparencia no es precisamente su fuerte. Cada nueva concesión a los independentistas, cada polémica política, parece más un acto de supervivencia que de gestión responsable.
España no necesita sermones sobre la extrema derecha; necesita líderes que dejen de gobernar a golpe de espectáculo mediático y empiecen a poner orden en su propia casa. Pero Sánchez sigue en su guion: culpar a los demás mientras él juega a ser árbitro y a la vez jugador, rompiendo consensos, dividiendo en lugar de unir.
Que nadie se engañe: este discurso constante no es casualidad, es estrategia. Distracción para tapar sus meteduras de pata, sus decisiones cuestionables y, sobre todo, la sensación de que gobierna más para mantenerse en el poder que para servir a los ciudadanos. Es un circo político en el que nosotros no somos espectadores, sino víctimas silenciosas.
Si España quiere salir adelante, el país necesita debates de verdad, responsables al frente y soluciones claras, no un presidente que solo sabe señalar mientras todo se le desmorona alrededor. Sánchez debería mirarse en el espejo antes de acusar a nadie: el mayor satélite de problemas no está en la derecha, sino en La Moncloa.