Lo del PSOE ya no sorprende, pero sigue indignando. Cada semana aparece un nuevo escándalo, una nueva sombra, una nueva chapuza que retrata el modo de hacer política de un partido que hace tiempo perdió el norte moral. Ahora salen a la luz nueve documentos inéditos que prueban pagos sin declarar y anticipos sin justificar, lo que viene a confirmar la existencia de una caja B. Un nuevo pufo, otro más, que se suma a una larga lista de irregularidades que parecen no tener fin.
Lo del PSOE ya no sorprende, pero sigue indignando. Cada semana aparece un nuevo escándalo, una nueva sombra, una nueva chapuza que retrata el modo de hacer política de un partido que hace tiempo perdió el norte moral. Ahora salen a la luz nueve documentos inéditos que prueban pagos sin declarar y anticipos sin justificar, lo que viene a confirmar la existencia de una caja B. Un nuevo pufo, otro más, que se suma a una larga lista de irregularidades que parecen no tener fin.
El problema no es solo lo que revelan esos papeles, sino lo que simbolizan: un modo de actuar que desprecia la transparencia y la ejemplaridad que deberían caracterizar a cualquier partido que aspira a gobernar. Mientras tanto, Pedro Sánchez guarda silencio o desvía la atención, como si nada pasara, como si todo fuera un ataque político más. Pero ya no cuela. La corrupción, cuando se demuestra, no entiende de ideologías, y aquí las pruebas hablan por sí solas.
Sánchez debería asumir responsabilidades. No vale escudarse en que “fueron otros” o en que “ya no están”. La corrupción no prescribe moralmente, y cuando un presidente se aferra al poder pese a los escándalos que cercan a su partido, arrastra consigo la credibilidad de todo el sistema. Y eso, en democracia, es una irresponsabilidad imperdonable.
El PSOE se ha convertido en una caricatura de lo que un día fue. De aquel partido que decía luchar por la ética pública queda poco o nada. Hoy es un amasijo de contradicciones, favores cruzados y mentiras sostenidas. España necesita políticos que den ejemplo, no que esquiven explicaciones.
Y sí, esto ya es una vergüenza. Una vergüenza de presidente, una vergüenza de partido y una vergüenza que los ciudadanos sigamos pagando los platos rotos de quienes creen que el poder es su cortijo.


