Una vez más, el barrio de Príncipe Felipe se ve empañado por un acto de vandalismo que deja a los vecinos con un sabor amargo. Esta vez, el cristal de un autobús urbano ha sido destrozado, un incidente que, lamentablemente, no es el primero ni parece ser el último. ¿Qué lleva a alguien a cometer semejante barbaridad? Es difícil entenderlo, pero lo que está claro es que estas acciones no solo dañan bienes públicos, sino que afectan directamente a la calidad de vida de quienes viven en la zona.
