Mi Rincón
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Parece increíble que, en pleno siglo XXI, estemos hablando del regreso del sarampión y la tosferina como si fueran novedades. Durante años, la vacunación mantuvo estas enfermedades bajo control, pero la relajación en la cobertura vacunal, el aumento de movimientos antivacunas y la falta de refuerzos en adultos han abierto la puerta a nuevos brotes. Y aquí estamos, viendo cómo las patologías que creíamos superadas vuelven a hacer estragos, sobre todo entre los más vulnerables: bebés, ancianos y personas con sistemas inmunitarios debilitados.

Parece increíble que, en pleno siglo XXI, estemos hablando del regreso del sarampión y la tosferina como si fueran novedades. Durante años, la vacunación mantuvo estas enfermedades bajo control, pero la relajación en la cobertura vacunal, el aumento de movimientos antivacunas y la falta de refuerzos en adultos han abierto la puerta a nuevos brotes. Y aquí estamos, viendo cómo las patologías que creíamos superadas vuelven a hacer estragos, sobre todo entre los más vulnerables: bebés, ancianos y personas con sistemas inmunitarios debilitados.

La tosferina, esa "tos de los cien días" que ahoga a los lactantes, y el sarampión, una enfermedad que puede causar complicaciones graves, no deben ser problemas de salud pública en 2024. Sin embargo, el descenso en las tasas de vacunación ha permitido que estas infecciones resurjan con fuerza en varios países, incluido el nuestro. No es casualidad que los brotes se den en comunidades donde la inmunización ha caído por debajo del umbral de seguridad.

Lo más preocupante es que esta situación es evitable. La ciencia ha hecho su trabajo para desarrollar vacunas eficaces y seguras, pero la desinformación y la dejadez de algunos gobiernos en la promoción de campañas de vacunación están teniendo consecuencias. No basta con vacunar a los niños: los adultos también necesitan dosis de refuerzo para frenar la transmisión y proteger a quienes no pueden vacunarse.

No deberíamos esperar a que la situación se descontrole aún más para actuar. La vacunación es un derecho, pero también una responsabilidad. No se trata solo de protegernos a nosotros mismos, sino de evitar que estas enfermedades resurjan con la fuerza con la que lo están haciendo. Volver al siglo pasado en términos de salud pública es un lujo que no podemos permitirnos.

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Ceuta, Sábado 01 de Agosto del 2026

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