Ceuta ha vivido en los últimos días un episodio triste, de esos que golpean las raíces de nuestra identidad. El acto vandálico contra la imagen del Cristo de los Afligidos no es solo un ataque contra una figura religiosa, sino contra la memoria, la cultura y los valores que nos unen como sociedad. Por suerte, y gracias al esfuerzo colectivo, el Cristo ha regresado a su hornacina, devolviendo a la ciudad un símbolo de esperanza.
