La ofensiva preventiva de Israel contra Irán, con respaldo de Estados Unidos, no debería sorprender a nadie. Cuando un régimen convierte la retórica incendiaria y el apoyo a grupos armados en parte de su política exterior, tarde o temprano alguien responde. No se puede normalizar el radicalismo como si fuera una simple diferencia cultural o política: cuando amenaza la estabilidad regional y la seguridad internacional, deja de ser un asunto interno.