Parece increíble que, en pleno siglo XXI, estemos hablando del regreso del sarampión y la tosferina como si fueran novedades. Durante años, la vacunación mantuvo estas enfermedades bajo control, pero la relajación en la cobertura vacunal, el aumento de movimientos antivacunas y la falta de refuerzos en adultos han abierto la puerta a nuevos brotes. Y aquí estamos, viendo cómo las patologías que creíamos superadas vuelven a hacer estragos, sobre todo entre los más vulnerables: bebés, ancianos y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
