Lo ocurrido en la última sesión plenaria de la Asamblea de Ceuta es, sin rodeos, una patada a la democracia. El expediente de modificación de créditos ha salido adelante gracias al apoyo del PP, el MDyC y, lo más grave, de los diputados no adscritos, es decir, tránsfugas. Lo que debería escandalizar y provocar una reacción unánime de rechazo ha sido, por el contrario, normalizado por quienes ocupan escaños en nombre de la voluntad popular. Se ha premiado el transfuguismo con poder, influencia y protagonismo. Mal vamos.
