La Ciudad vuelve a sacar pecho con su compromiso para prevenir el consumo de alcohol entre menores. Y oye, sobre el papel, suena perfecto: campañas de concienciación, carteles por todas partes y discursos muy medidos sobre la importancia de proteger a los jóvenes. Pero cualquiera que dé un paseo un viernes por la noche sabe que la realidad va por otro lado.
