Lo ocurrido en El Príncipe, donde agentes de la Policía Nacional fueron atacados por una multitud al intentar detener a un menor, es solo la punta del iceberg de una situación insostenible que lleva años cronificándose. No se trata de un incidente aislado, sino del reflejo de un barrio donde la ley apenas tiene presencia real y donde los servidores públicos —policías, sanitarios, bomberos, operarios de limpieza— se convierten en objetivos del descontrol y la violencia.
