Una década lleva Ceuta oyendo hablar del camping de caravanas y de la rampa de acceso al mar. Diez años de promesas incumplidas, de debates estériles y de eternas vueltas al mismo punto de partida. Y mientras tanto, el Gobierno sigue actuando como si no pasara nada, como si cada interpelación —por insignificante que le parezca— no fuera reflejo del hartazgo de la ciudadanía. La última en recordarlo ha sido MDyC, pero lo cierto es que el Ejecutivo parece tener por costumbre reírse de todo lo que no le convenga, como si fuera poco importante.