Editorial
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En un momento en el que la presión migratoria vuelve a ser tema central en Ceuta, la postura de Vox sobre los menores extranjeros no acompañados no deja lugar a dudas: los niños deben estar con sus padres y quienes entren de forma ilegal en el país deben ser repatriados sin demora. Es un planteamiento que, aunque simplifica una realidad tremendamente compleja, apela a una lógica que muchos ciudadanos comparten desde hace tiempo: la protección del menor no debería desligarse del entorno familiar, y el control de fronteras debe ser firme y eficaz.

En un momento en el que la presión migratoria vuelve a ser tema central en Ceuta, la postura de Vox sobre los menores extranjeros no acompañados no deja lugar a dudas: los niños deben estar con sus padres y quienes entren de forma ilegal en el país deben ser repatriados sin demora. Es un planteamiento que, aunque simplifica una realidad tremendamente compleja, apela a una lógica que muchos ciudadanos comparten desde hace tiempo: la protección del menor no debería desligarse del entorno familiar, y el control de fronteras debe ser firme y eficaz.

Desde Vox insisten en que esta no es una idea nueva, sino una propuesta reiterada que responde a una preocupación legítima por la seguridad, la cohesión social y el interés superior del menor. Y hay algo que conviene reconocer: el actual sistema de acogida, saturado y mal gestionado, no está funcionando ni para los menores ni para la sociedad que los acoge. Es lógico que surjan voces que reclamen cambios estructurales, incluso aunque vengan acompañadas de mensajes políticamente incómodos para algunos.

Ahora bien, la solución no puede pasar únicamente por devolver y cerrar la puerta. Hace falta diplomacia, acuerdos internacionales y, sobre todo, una política migratoria clara que no se limite a parches puntuales ni a improvisaciones. Porque los menores no llegan solos por capricho, sino empujados por contextos de pobreza, violencia o abandono, y ese drama humano merece también una respuesta humana, sin perder de vista la ley.

Vox pone sobre la mesa un debate necesario. No podemos seguir mirando a otro lado mientras los centros de menores se desbordan y la convivencia en los barrios se resiente. Pero tampoco podemos permitirnos que el enfoque se convierta en un simple "dentro o fuera", sin atender las causas de fondo ni buscar soluciones que combinen firmeza y humanidad.

En definitiva, si un niño debe estar con su familia, trabajemos en serio para que eso ocurra. Pero hagámoslo con cabeza, sin discursos simplistas ni políticas que desatiendan lo más importante: el bienestar del menor y el respeto al marco legal. Porque no se trata solo de cerrar fronteras, sino de abrir los ojos.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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