La reciente detención de un ceutí por un delito de amenazas y por quebrantar una orden de alejamiento vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda, pero muy presente: hay situaciones que no se pueden minimizar ni mirar hacia otro lado. Las órdenes judiciales están para cumplirse, y cuando se vulneran, el riesgo para las víctimas es real y serio.
