Salir a trabajar de noche no debería ser un acto de valentía, pero para muchos taxistas lo es. Cada turno nocturno implica una dosis extra de miedo, de estar alerta, de mirar por el retrovisor más de lo normal. Y no hablamos de un capricho ni de una exageración: hablamos de personas que están ofreciendo un servicio público esencial mientras se juegan la seguridad.
