El de Portoplano aquella tarde, en el sosiego de la primera tarde, cuándo existen esos minutos o docenas de minutos, que los seres humanos semidescansan del día, para recoger fuerzas y lanzarse otra vez al fragor del existir. En esas docenas de minutos, el de Portoplano realizaba su paseo, ensimismado en el pesar-pensar de los conceptos-ideas-enunciados-palabras-vocablos formando frases que tuviesen sentido en relación a la realidad con su cerebro y en el entorno de la cultura.
