En una empresa pública, el poder no debería “emanar” del pasillo, del miedo o del “yo mando aquí”, sino del nombramiento válido y de las competencias legalmente atribuidas. Cuando alguien actúa como si ostentara un cargo que no tiene —firmando, ordenando, autorizando gastos, dando instrucciones o adoptando decisiones fuera de su marco— no estamos ante un simple desorden interno: estamos ante un riesgo institucional que contamina todo lo que toca.

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Ceuta, Martes 28 de Julio del 2026

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