El Gobierno se ha quitado de encima el engorro de tener que aplicar la nueva ley de contratos sin haber formado a su personal en estos dos últimos años en los que el texto estaba en borrador. Lo ha hecho a través de las encomiendas de gestión a Tragsa. Son más rápidas que la licitación, puede, pero el retraso de ciertas obras encomendadas a esta empresa pública es vox populi.
