Llega el verano y, con él, la eterna contradicción de nuestra tierra. Vivimos en una ciudad que respira salitre por los cuatro costados, una península rodeada de aguas envidiables y con unas condiciones náuticas que ya quisieran para sí muchos destinos de la península. Sin embargo, si uno repasa el calendario deportivo de estos meses estivales, se encuentra con un vacío difícil de justificar: apenas hay rastro de grandes pruebas de vela o piragüismo en nuestras costas.
