Llega el verano y, con él, la eterna contradicción de nuestra tierra. Vivimos en una ciudad que respira salitre por los cuatro costados, una península rodeada de aguas envidiables y con unas condiciones náuticas que ya quisieran para sí muchos destinos de la península. Sin embargo, si uno repasa el calendario deportivo de estos meses estivales, se encuentra con un vacío difícil de justificar: apenas hay rastro de grandes pruebas de vela o piragüismo en nuestras costas.
Llega el verano y, con él, la eterna contradicción de nuestra tierra. Vivimos en una ciudad que respira salitre por los cuatro costados, una península rodeada de aguas envidiables y con unas condiciones náuticas que ya quisieran para sí muchos destinos de la península. Sin embargo, si uno repasa el calendario deportivo de estos meses estivales, se encuentra con un vacío difícil de justificar: apenas hay rastro de grandes pruebas de vela o piragüismo en nuestras costas.
Es una anomalía que se echa de menos año tras año. Si algo le sobra a Ceuta es mar. Tenemos el escenario perfecto, el viento a favor —casi de forma literal— y una ubicación estratégica única. Disciplinas como la vela y el piragüismo deberían ser las reinas absolutas de nuestro verano, llenando nuestra bahía de color, de paladas y de embarcaciones de nivel.
No estamos hablando únicamente de romanticismo deportivo; hablamos de motor económico y de proyección exterior. Traer a Ceuta competiciones de calado nacional o regional durante los fines de semana se traduce de inmediato en hoteles llenos, restaurantes dinamizados y un ambiente vibrante que beneficia a toda la ciudad. El deporte es, hoy en día, una de las herramientas de promoción turística más potentes que existen.
Lo más llamativo de esta situación es que las bases están puestas. El Instituto Ceutí de Deportes (ICD) viene demostrando una sensibilidad y un apoyo notable hacia cualquier iniciativa que suponga atraer eventos de nivel a la ciudad, consciente del retorno económico y social que generan durante los días de competición. Las puertas de la administración local están abiertas y la financiación o la logística no son el freno.
¿Dónde está el cuello de botella entonces? La pelota está, de manera inequívoca, en el tejado de las federaciones locales. Son los estamentos federativos de vela y piragüismo los que deben abandonar la inercia, activarse de una vez por todas y arrastrar el lápiz para diseñar proyectos ambiciosos. El ICD ayuda y empuja, pero la gestión, el contacto con las federaciones nacionales, la ambición de traer aquí campeonatos atractivos y la organización pura y dura nacen del tejido federativo.
No podemos permitirnos el lujo de pasar otro verano mirando al mar con nostalgia desde el paseo marítimo, viendo aguas vacías mientras otras localidades del litoral andaluz explotan sus recursos al máximo. Ceuta tiene el potencial, el dinero institucional apoya y la ciudad lo necesita. Solo falta que quienes gestionan estas disciplinas den un paso al frente, dejen la pasividad a un lado y se pongan a bogar en la misma dirección. El mar nos está esperando; solo queda que las federaciones se decidan a navegarlo.