La Delegación del Gobierno en Ceuta ha guardado un nuevo minuto de silencio en honor a las dos últimas víctimas de violencia de género en España. Este acto simbólico, que se repite cada vez que hay una nueva tragedia, parece más una rutina obligada que una medida efectiva para combatir la lacra de la violencia de género. No se puede negar la buena intención detrás de estos minutos de silencio, pero la realidad es que no sirven de mucho para frenar la violencia que se cobra tantas vidas.
