Marzo ha traído lluvias, sí, pero creer que eso soluciona la crisis del agua es tan ingenuo como pensar que un chaparrón llena un embalse seco. En Ceuta y en tantas otras zonas afectadas por la sequía, la gestión del agua no puede depender de lo que dicta el cielo. Hace falta planificación, inversión y, sobre todo, voluntad política para garantizar un suministro estable.
