La crisis migratoria no termina cuando dejan de producirse entradas masivas. Termina cuando una ciudad recupera su pulso, cuando sus vecinos pueden volver a hacer vida con normalidad y cuando quienes tienen la responsabilidad de gestionar una situación excepcional ponen todos los medios necesarios para hacerlo posible. Hoy, esa realidad todavía no ha llegado a Ceuta.
