Editorial
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Cuesta entender que el mismo Alfonso Murube que puede albergar un Ceuta-Valladolid de Segunda División se convierta, diez días después, en un escenario donde Interior dice que no puede garantizar la seguridad de un España-México Sub-20. El informe policial habla de presión migratoria, tensión social, falta de efectivos, ausencia de una Unidad de Control Organizativo y escaso margen para preparar el dispositivo. Son argumentos que merecen ser escuchados, por supuesto, pero también explicados muy bien a una ciudad que lleva semanas soportando situaciones muchísimo más complicadas sin echar el cierre.

Cuesta entender que el mismo Alfonso Murube que puede albergar un Ceuta-Valladolid de Segunda División se convierta, diez días después, en un escenario donde Interior dice que no puede garantizar la seguridad de un España-México Sub-20. El informe policial habla de presión migratoria, tensión social, falta de efectivos, ausencia de una Unidad de Control Organizativo y escaso margen para preparar el dispositivo. Son argumentos que merecen ser escuchados, por supuesto, pero también explicados muy bien a una ciudad que lleva semanas soportando situaciones muchísimo más complicadas sin echar el cierre.

Porque el mensaje que se transmite es demoledor. La selección española iba a venir precisamente como gesto de respaldo a Ceuta después de una crisis extraordinaria, y cuando llega el momento de convertir aquel apoyo en algo tangible, el Estado concluye que lo más conveniente es llevarse el partido a otro lugar. Qué paradoja: cuando Ceuta necesita símbolos de normalidad, la respuesta termina siendo retirar uno de ellos. Y la RFEF ya ha confirmado que el encuentro no se disputará aquí.

Y hay una pregunta que muchos ceutíes tienen derecho a hacerse: ¿hasta dónde vamos a permitir que la excepcionalidad termine condicionando la vida normal de la ciudad? ¿´Qué y como ha influido el dictador tirano de Mohamed VI?, Este pedazo de sinvergüenza sigue extorsionando al que se dice llamar presidente del Gobierno, ese cobarde que se fue de vacaciones mientras invadían Ceuta, y poco le importa Ceuta, los ceutíes y los españoles. Interior debería ofrecer todas las explicaciones necesarias y despejar cualquier sospecha, porque tratándose de Ceuta y de un partido de España, el significado institucional va bastante más allá de noventa minutos de fútbol.

Si faltan policías, refuércense los efectivos, como hizo el ínclito de la Moncloa para sus vacaciones que se llevó un sin fin de agentes para su seguridad el pedazo de m...... Si faltan medios técnicos, búsquense soluciones. Si doce días son insuficientes para organizar el dispositivo, explíquese quién ha fallado en la planificación. Pero convertir a Ceuta en el lugar del que hay que retirar acontecimientos porque el Estado no puede garantizar su celebración resulta difícil de aceptar. El problema ya no es perder un España-México Sub-20. El verdadero problema es la imagen de fragilidad que proyectamos cuando precisamente deberíamos demostrar normalidad, presencia institucional y capacidad de respuesta.

Ceuta no necesita que la protejan escondiéndola. Necesita que el Estado esté aquí, que ejerza aquí y que garantice aquí exactamente aquello que garantizaría en cualquier otra ciudad española. El Alfonso Murube podía haber sido el escenario de una magnífica imagen: España jugando en Ceuta cuando Ceuta más necesitaba sentirse respaldada. Al final veremos probablemente a España jugar en Madrid. Y en Ceuta quedará una pregunta bastante incómoda: ¿de qué sirve prometer apoyo si, cuando llega el momento de demostrarlo, el partido se marcha?

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Ceuta, Lunes 21 de Septiembre del 2026

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