Se está llegando a un extremo en el que ya no se tiene respeto por nada ni por nadie. Antes cualquier agente de la autoridad era respetado pero ahora tantas libertades mal entendidas han llevado a cierto sector de la ciudadanía a creerse con el derecho de hacer y deshacer lo que le venga en gana, y si además son recriminados o llamados al orden por los agentes de la autoridad estos son agredidos, insultados, amenazados, sin que existan unas leyes contundentes contra este tipo de acciones delictivas que den mayor seguridad jurídica a nuestros agentes.