Este viernes se concentraban en la ciudad de Castillejos cientos de marroquíes que, gracias a las medidas asfixiantes de su rey, Mohamed VI, ese que se vacuna él antes que cualquiera del país alahuita, quien vive en palacios rodeado de todo lujo, quien se permite el lujo de navegar por aguas españolas sin que nadie le diga absolutamente nada por el miedo al qué dirán, en una política que raya lo dictatorial, decidió cerrar la frontera con Ceuta para no sólo asfixiar a esta ciudad autónoma, sino para terminar de hundir más en el barro a sus súbditos, a esos a los que no les da de comer pero tampoco les deja comer.