Muchos españoles coincidían en la mañana del 22A en señalar como necesario algún tipo de medida que disuadiera a los migrantes de utilizar métodos violentos en los saltos a la valla. La situación de indefensión de la Guardia Civil era comentada en los corrillos ceutíes en los que de nuevo se cuestionaba por qué no se procedía a la identificación de los violentos para su posterior detención. Nadie imaginaba la operación que se desarrollaba desde el mismo momento en el que se produjo el salto.
