Os voy a contar el motivo exacto por el cual he decidido escribir esta columna en el día de hoy. Ayer, me encontré con el hijo de un amigo de toda la vida que está opositando para Hacienda, y entre varias cosas me contó que las bibliotecas de la Ciudad tienen un 'horario comercial', como si fuera una tienda de la calle real, lo que para un estudiante viene a ser un marrón, por no decir otra cosa.
