Os voy a contar el motivo exacto por el cual he decidido escribir esta columna en el día de hoy. Ayer, me encontré con el hijo de un amigo de toda la vida que está opositando para Hacienda, y entre varias cosas me contó que las bibliotecas de la Ciudad tienen un 'horario comercial', como si fuera una tienda de la calle real, lo que para un estudiante viene a ser un marrón, por no decir otra cosa.
Os voy a contar el motivo exacto por el cual he decidido escribir esta columna en el día de hoy. Ayer, me encontré con el hijo de un amigo de toda la vida que está opositando para Hacienda, y entre varias cosas me contó que las bibliotecas de la Ciudad tienen un 'horario comercial', como si fuera una tienda de la calle real, lo que para un estudiante viene a ser un marrón, por no decir otra cosa.
La realidad, después de comprobarlo, y sin tener en cuenta el calendario estival, las bibliotecas públicas de la Ciudad no abren ni sábados, ni domingos, además tienen un horario de apertura (09.00 horas) que para muchos estudiantes resulta tardío, además hace un parón desde las 14.00 horas a las 17.00 horas, para cerrar finalmente a las 21.00 horas. Ese intervalo de tres horas en el inicio de la tarde es un abismo para un opositor o cualquier estudiante que requiera de una sala de estudio para un examen próximo.
La pregunta es muy clara, ¿no se puede hacer un esfuerzo y ampliar dichos horarios, además de abrir sábados y domingos?

