Cuando un partido decide apoyar una propuesta ajena —en este caso, la de Vox para prohibir el burka y el niqab en espacios públicos— lo mínimo exigible es coherencia interna. No hablamos de si debe prohibirse o no (ese debate tiene aristas jurídicas, sociales y de convivencia que merecen otro texto). Hablamos de algo más simple y, a la vez, más revelador: la disciplina de partido y el respeto a la inteligencia del ciudadano.
