En Ceuta llevamos demasiado tiempo normalizando lo anormal: que el Gobierno convierta la legalidad en plastilina. El caso de la Secretaría General es el ejemplo perfecto. UGT llevó a los tribunales lo que muchos comentaban en voz baja: que María Dolores Pastilla no reunía los requisitos para ocupar “accidentalmente” un puesto clave. Y la Justicia, una y otra vez, ha ido marcando el camino: anular nombramientos, tumbar diseños hechos a medida y recordar que aquí no manda el capricho, sino la norma.
