Ceuta no es pobre por casualidad. Ceuta no aparece año tras año en los peores indicadores sociales de España por una maldición inevitable ni por una condena geográfica. Ceuta está donde está también por una gestión política agotada, conformista y profundamente fracasada. Y en el centro de ese fracaso tiene nombre y apellidos: Juan Vivas.
Ceuta no es pobre por casualidad. Ceuta no aparece año tras año en los peores indicadores sociales de España por una maldición inevitable ni por una condena geográfica. Ceuta está donde está también por una gestión política agotada, conformista y profundamente fracasada. Y en el centro de ese fracaso tiene nombre y apellidos: Juan Vivas.
Después de 25 años al frente de la Ciudad, el presidente ya no puede esconderse detrás de excusas, herencias, fronteras, crisis o competencias del Estado. Un cuarto de siglo es tiempo más que suficiente para construir un modelo económico, reducir desigualdades, generar oportunidades y sacar a miles de familias de la precariedad. Sin embargo, Ceuta continúa instalada en los puestos más vergonzosos del ranking nacional de pobreza y exclusión.
Los datos son demoledores: más del 40% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, y unas 31.000 personas viven bajo el riesgo de pobreza. No hablamos de números fríos; hablamos de hogares que no llegan a fin de mes, jóvenes sin futuro, familias atrapadas en la ayuda pública y barrios donde la palabra oportunidad suena casi a burla.
Mientras tanto, el Gobierno de Vivas se ha especializado en vender estabilidad, fotos, planes y discursos institucionales. Pero la estabilidad que presume el poder no llena neveras, no paga alquileres y no crea empleo digno. La Ceuta real no vive en los salones oficiales: vive en las colas, en los contratos precarios, en los padres que hacen cuentas y en los jóvenes que se marchan porque aquí no ven salida.
Lo más grave es que este fracaso se ha normalizado. Se gobierna como si estar a la cola fuera inevitable. Pero no lo es. Es el resultado de 25 años de política sin ambición, sin valentía y sin resultados.
Vivas no solo preside Ceuta. Preside también uno de los mayores fracasos sociales de España.



