Mi Rincón
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Hay errores políticos que no se pagan en el momento, sino cuando el viento cambia de rumbo y la geometría parlamentaria te atrapa en una esquina sin salida. Juan Jesús Vivas lleva un cuarto de siglo surfeando las olas de la política ceutí con su habitual retórica de la moderación, pero hay líneas rojas que se dibujan con tinta tan gorda que acaban convertidas en un callejón sin salida. Su empecinamiento en mantener un cordón sanitario perpetuo contra Vox —llegando al extremo de permitir que se nombrara a Santiago Abascal persona non grata en la Asamblea— ha dejado de ser una estrategia de resistencia para convertirse en su propia celda. Hoy, el presidente de la Ciudad Autónoma es el rehén perfecto de sus palabras.

Hay errores políticos que no se pagan en el momento, sino cuando el viento cambia de rumbo y la geometría parlamentaria te atrapa en una esquina sin salida. Juan Jesús Vivas lleva un cuarto de siglo surfeando las olas de la política ceutí con su habitual retórica de la moderación, pero hay líneas rojas que se dibujan con tinta tan gorda que acaban convertidas en un callejón sin salida. Su empecinamiento en mantener un cordón sanitario perpetuo contra Vox —llegando al extremo de permitir que se nombrara a Santiago Abascal persona non grata en la Asamblea— ha dejado de ser una estrategia de resistencia para convertirse en su propia celda. Hoy, el presidente de la Ciudad Autónoma es el rehén perfecto de sus palabras.

Entrar de lleno al trapo de aquel infame nombramiento contra el líder de la tercera fuerza política de la nación no solo fue un patinazo institucional de manual; fue una soberana torpeza estratégica ejecutada sin el consenso ni la aprobación de la inmensa mayoría de los ceutíes. Una pirueta para ganarse el aplauso fácil del progresismo local y de sus socios circunstanciales que ahora, con el mapa político nacional mutando a pasos agigantados, le va a estallar en las manos.

Mientras en Génova la dirección nacional del Partido Popular profundiza y normaliza pactos mayores para garantizar la gobernabilidad en comunidades y ayuntamientos de toda España, en Ceuta el discurso oficial se ha quedado congelado en el tiempo. ¿Qué va a hacer el señor Vivas cuando la aritmética local —o una orden directa de Madrid— le obligue a sentarse con quienes demonizó?

Aquel nombramiento dividió profundamente a los ceutíes y dinamitó los puentes necesarios para el futuro de la ciudad.

El presidente local puede albergar la tentación de rebelarse contra su propio partido, de intentar marcarse un verso suelto o hacerle una "13-14" a Alberto Núñez Feijóo escudándose en la "singularidad ceutí". Pero la realidad es tozuda: el disgusto se lo va a llevar igual. La cuerda está demasiado tensa. Si la única opción para sostener el Ejecutivo es el abrazo con los mismos a los que declaró la guerra total, el bloqueo institucional estará servido.

Con este panorama, lo más sensato y digno que podría hacer Juan Vivas es dar un paso al lado y no presentarse a la reelección. Evitaría verse arrastrado por el lodo de la incoherencia y, de paso, ahorraría a Ceuta el bochorno de ver a su presidente devorar, una a una, todas las promesas que ha lanzado durante años desde su atril.

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Ceuta, Domingo 02 de Agosto del 2026

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