En el corazón mismo de nuestra querida ciudad, entre la bulliciosa actividad comercial y el encanto histórico que caracteriza a nuestras calles, se alza un monumento a la negligencia y la falta de visión urbanística. El cable que atraviesa la calle González de la Vega, como una cicatriz en el paisaje urbano, es un recordatorio doloroso de la indiferencia de quienes deberían velar por la estética y el cuidado de nuestro entorno.
