La realidad de Ceuta no se entiende desde un despacho en Madrid o Bruselas si no se pisa el asfalto de una ciudad que, por geografía y destino, se ha convertido en el termómetro de la conciencia europea. Nuestra ciudad se enfrenta día si y otro también a cifras que desbordan cualquier previsión lógica, situándonos en ese estado de emergencia casi permanente que parece haberse vuelto crónico.
