Alberto Núñez Feijóo ha prometido devolver la decencia a la política española. Es una aspiración que comparte una gran parte de la ciudadanía, cansada de escándalos, enfrentamientos permanentes y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Alberto Núñez Feijóo ha prometido devolver la decencia a la política española. Es una aspiración que comparte una gran parte de la ciudadanía, cansada de escándalos, enfrentamientos permanentes y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Sin embargo, la exigencia ética nunca puede dirigirse únicamente hacia el adversario. Quien aspira a liderar un cambio debe aplicar el mismo nivel de exigencia dentro de su propia organización y en su entorno político más cercano.
Los ciudadanos esperan coherencia. Esperan que los discursos sobre regeneración democrática vayan acompañados de decisiones firmes cuando aparecen dudas, polémicas o comportamientos que puedan dañar la imagen de las instituciones. Las palabras son importantes, pero los hechos lo son mucho más.
La credibilidad se construye precisamente ahí: en la capacidad de exigir a los propios lo mismo que se exige a los demás. Porque la decencia pública no se demuestra en los mítines ni en las fotografías. Se demuestra cuando llega el momento de actuar.


