El país vecino sigue sin comprender lo que es un tratado de buena vecindad, y siempre que se dirige a España lo hace con desprecio y tono amenazante, algo que España está tardando en parar y sólo sabe bajarse continuamente los pantalones.
El país vecino sigue sin comprender lo que es un tratado de buena vecindad, y siempre que se dirige a España lo hace con desprecio y tono amenazante, algo que España está tardando en parar y sólo sabe bajarse continuamente los pantalones.
Desde que España auxilió a un enfermo saharaui, los extorsionadores de Marruecos solo saben amenazar y mandar inmigrantes a nuestras costas, demostrando que se trata de un país donde sólo se funciona bajo las amenazas, imposiciones y medidas dictatoriales, pensándose que esa forma de actuar también puede emplearla con España.
España no debe rendirle cuentas a nadie, y menos a un país vecino que es como una puñetera mosca cojonera.
Y es que Marruecos no puede comprender que lo que hizo España con ese enfermo saharaui es un gesto de humanidad, prestarle auxilio, algo que Marruecos tiene eliminado de su diccionario y ni siquiera conoce. España prestó auxilio a este enfermo porque nos salió de los cojones, igual que hacemos con cientos de inmigrantes marroquíes y menas que llegan hasta nuestras costas huyendo de la opresión que el gobierno marroquí ejerce sobre los suyos.
Sin embargo, esa ayuda que España presta a los súbditos marroquíes no es reconocido por este país que se hace llamar vecino cuando más bien es como un molesto 'okupa' que solo sabe dar por culo y generar tensión.
Ya está bien de aguantarle tonterías y pamplinadas a este país que sólo quiere que se le dé y nunca quiere dar, hay que empezar a cerrar el grifo y que Europa se dé cuenta de esta situación, antes de que sea demasiado tarde. A países extorsionadores, amenazantes como este, no hay que rendirles cuentas, sino pararlos en seco y decirles cuáles son las normas del juego.
