La maldad que encierra el presidente Vivas es quizás para algunos desconocido, pero para otros no tanto. No hace mucho, el señor Vivas lanzaba que no se volvería a presentar a las elecciones, pero todo esto no es más que un juego del presidente de la Ciudad y del PP que lanza este mensaje para ver y estar pendiente de las repercusiones y comentarios que surjan alrededor del mismo y así baremar si finalmente le merecería la pena presentarse o no, además de ser una manera de lanzar el cebo para ver quien es el primero que, desde dentro del PP, se posiciona para recoger su testigo.
La maldad que encierra el presidente Vivas es quizás para algunos desconocido, pero para otros no tanto. No hace mucho, el señor Vivas lanzaba que no se volvería a presentar a las elecciones, pero todo esto no es más que un juego del presidente de la Ciudad y del PP que lanza este mensaje para ver y estar pendiente de las repercusiones y comentarios que surjan alrededor del mismo y así baremar si finalmente le merecería la pena presentarse o no, además de ser una manera de lanzar el cebo para ver quien es el primero que, desde dentro del PP, se posiciona para recoger su testigo.
El presidente del PP ya no engaña a nadie, son muchos años y cada legislatura hace lo mismo, por lo que se ha convertido en un presidente repetitivo en los mensajes, y altamente predecible.
Todavía quedan más de dos años de legislatura, y pese a que el presidente ya haya dicho que se marcha este asunto todavía dará mucho de que hablar, porque el culebrón no se ha acabado con las manifestaciones realizadas recientemente por el presidente, quien tiene un guión perfectamente estructurado cuyo capítulo final todavía no está escrito y que en función de la evolución de los acontecimientos en estos meses venideros, podría producirse un giro tan radical que incluso se pueda decir que “donde dije digo, digo diego”.
