El anuncio de la constitución de una comisión mixta entre el Ministerio de Defensa y la Cámara de Comercio para incorporar a militares al mercado laboral suena, de entrada, como una buena idea: apoyar la transición de quienes han servido a España hacia el ámbito civil es, en teoría, una forma de reconocer su esfuerzo. Pero, ¿es esto lo que realmente necesita nuestro mercado laboral? A la vista de las cifras de paro y las carencias estructurales en ciertos sectores, la respuesta parece ser un rotundo no.
El anuncio de la constitución de una comisión mixta entre el Ministerio de Defensa y la Cámara de Comercio para incorporar a militares al mercado laboral suena, de entrada, como una buena idea: apoyar la transición de quienes han servido a España hacia el ámbito civil es, en teoría, una forma de reconocer su esfuerzo. Pero, ¿es esto lo que realmente necesita nuestro mercado laboral? A la vista de las cifras de paro y las carencias estructurales en ciertos sectores, la respuesta parece ser un rotundo no.
España tiene millones de personas en las listas del paro, muchas de ellas jóvenes cualificados, mayores de 50 años que no logran reengancharse al mercado, y trabajadores con contratos precarios que llevan años luchando por una oportunidad estable. ¿Es razonable plantear ahora políticas para "recolocar" a militares que ya tienen empleo, mientras dejamos a estos colectivos en un limbo laboral perpetuo?
Es difícil no percibir esta iniciativa como un despropósito. No se trata de quitar méritos a los militares ni de cuestionar sus derechos, sino de señalar lo absurdo de enfocar los recursos públicos hacia quienes no forman parte de los sectores más vulnerables. España necesita más inversión en formación para desempleados, incentivos para empresas que contraten a quienes llevan años fuera del circuito laboral y planes serios para reducir las tasas de paro.
Mientras tanto, esta comisión parece más un gesto simbólico para quedar bien con todo el mundo que una solución a los problemas reales del mercado laboral. Si el objetivo es ayudar a los militares en su transición, que se haga con programas específicos y en sectores concretos, no a costa de quienes llevan años buscando un hueco que no llega.
Las políticas de empleo deberían mirar primero a quienes más lo necesitan. Todo lo demás es jugar a la solidaridad de escaparate, una falta de respeto a quienes, en lugar de un empleo garantizado, solo tienen incertidumbre.
