Es frustrante ver cómo el interventor de la Ciudad Autónoma de Ceuta ha sumido a la ciudad en un mar de burocracia y parálisis. Los proveedores están desesperados, las asociaciones y clubes no pueden seguir adelante con sus actividades, y las empresas municipales están atadas de pies y manos. Mientras tanto, el presidente Vivas sigue como si nada, imperturbable ante el caos que se ha generado gracias a este señor. Es realmente indignante ver cómo una ciudad entera se paraliza y su máximo responsable se queda tan pancho.
Es frustrante ver cómo el interventor de la Ciudad Autónoma de Ceuta ha sumido a la ciudad en un mar de burocracia y parálisis. Los proveedores están desesperados, las asociaciones y clubes no pueden seguir adelante con sus actividades, y las empresas municipales están atadas de pies y manos. Mientras tanto, el presidente Vivas sigue como si nada, imperturbable ante el caos que se ha generado gracias a este señor. Es realmente indignante ver cómo una ciudad entera se paraliza y su máximo responsable se queda tan pancho.
La situación es de traca. Se supone que la intervención fiscal está ahí para asegurar que todo se haga de manera correcta y transparente, pero parece que en Ceuta han llevado esto a un nivel que raya en el absurdo. No se trata solo de controlar, sino de asfixiar cualquier iniciativa. La burocracia se ha convertido en una trampa mortal que detiene el desarrollo y las actividades cotidianas. La imagen de una ciudad bloqueada por su propia administración es patética y muestra una falta de visión alarmante.
Lo que más revienta es la actitud del presidente Vivas. Este señor, en lugar de buscar soluciones y desbloquear la situación, sigue a lo suyo como si aquí no pasara nada. La ciudadanía está cansada de excusas y de ver cómo sus problemas se agravan mientras los responsables políticos parecen vivir en una realidad paralela. Se necesita un liderazgo fuerte y decisivo, y lo que tenemos es una indiferencia pasmosa.
Y para colmo, aún estamos esperando a que el señor interventor se fiscalice su nómina o su sueldo. Es un chiste de mal gusto. La transparencia debería empezar por la cabeza y no quedarse en meras palabras bonitas para la galería.
La Intervención ha pasado de ser una herramienta útil a convertirse en una losa que impide cualquier avance. Y mientras tanto, el presidente Vivas sigue sin mover un dedo, dejando que la ciudad se hunda en su propia ineficacia.
