Desde hace ya algunos meses, los plenos de la Asamblea de Ceuta respiran un aire distinto. El cambio de portavoz en Vox, con Juan Sergio Redondo tomando las riendas de la portavocía que antes ocupaba Carlos Verdejo, ha supuesto una mejora evidente en las formas y el tono del debate político. Se nota, y se agradece, que las intervenciones ya no estén marcadas por los gritos, el insulto fácil o la provocación constante. Redondo ha traído serenidad y cierta dignidad al discurso, algo que no es poca cosa en estos tiempos.
Desde hace ya algunos meses, los plenos de la Asamblea de Ceuta respiran un aire distinto. El cambio de portavoz en Vox, con Juan Sergio Redondo tomando las riendas de la portavocía que antes ocupaba Carlos Verdejo, ha supuesto una mejora evidente en las formas y el tono del debate político. Se nota, y se agradece, que las intervenciones ya no estén marcadas por los gritos, el insulto fácil o la provocación constante. Redondo ha traído serenidad y cierta dignidad al discurso, algo que no es poca cosa en estos tiempos.
Carlos Verdejo, que en su día fue la voz más ruidosa del hemiciclo, ha quedado hoy relegado al grupo mixto, más solo que la una, sin partido, sin aliados y sin el respaldo que tuvo durante su etapa al frente de Vox. Su estilo bronco, que en su momento generó titulares y tensiones innecesarias, parece haber pasado de moda. Lo que antes se aplaudía como “combativo”, ahora suena a ruido vacío. Ceuta no necesita más crispación; necesita soluciones, propuestas y una oposición firme pero respetuosa.
El nuevo estilo de Redondo no implica suavidad en el fondo. Sus mensajes siguen siendo contundentes, sus posicionamientos claros, pero ahora se expresan con un tono más institucional y menos pendenciero. Eso facilita el debate, obliga al resto de grupos a responder con argumentos y no con aspavientos, y, sobre todo, dignifica el trabajo político.
Verdejo, mientras tanto, intenta hacerse notar desde su escaño solitario, pero el eco es cada vez menor. Las intervenciones con ánimo de camorra ya no encuentran el mismo altavoz, y el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. La política local, al menos en su escenario más visible, gana en compostura con esta nueva etapa.
