El Carnaval de este año en Ceuta ha terminado con un sabor agridulce. La suspensión de la Cabalgata por culpa del mal tiempo ha dejado a muchos con la sensación de que faltó la guinda del pastel en una fiesta que, aunque ha seguido adelante en el Auditorio del Revellín, no ha sido lo mismo. Porque, seamos sinceros, el Carnaval no solo son disfraces y música, sino también el colorido y la alegría que inundan las calles.
El Carnaval de este año en Ceuta ha terminado con un sabor agridulce. La suspensión de la Cabalgata por culpa del mal tiempo ha dejado a muchos con la sensación de que faltó la guinda del pastel en una fiesta que, aunque ha seguido adelante en el Auditorio del Revellín, no ha sido lo mismo. Porque, seamos sinceros, el Carnaval no solo son disfraces y música, sino también el colorido y la alegría que inundan las calles.
Es cierto que la decisión de cancelar el desfile era la más sensata, pensando en la seguridad de participantes y espectadores. Pero también es inevitable preguntarse si se podría haber previsto algún plan B para salvar, al menos en parte, el espectáculo que tantos esperaban. En otras ciudades se han buscado alternativas cuando el tiempo ha jugado en contra, y quizás en Ceuta se podría haber hecho algo más que trasladar la fiesta al interior.
Aun así, hay que reconocer el esfuerzo de quienes han mantenido vivo el espíritu carnavalero a pesar del revés meteorológico. Comparsas, chirigotas y agrupaciones han puesto su empeño en que la gente no se quedara sin su dosis de risas y buen ambiente, y eso es algo que se debe valorar. Al final, el Carnaval no es solo un desfile, sino la pasión y el entusiasmo de quienes lo hacen posible.
Tal vez este episodio sirva para que, en futuras ediciones, se piense en alternativas que permitan que la ciudad no se quede sin su Cabalgata si el tiempo no acompaña. Porque si hay algo que está claro es que Ceuta quiere y necesita su Carnaval en las calles, y es una pena que la lluvia haya sido este año la que se haya llevado parte de la magia.
