Pedir cita en el sistema sanitario de Ceuta se ha convertido en una odisea digna de una novela de terror. Si por cualquier motivo no puedes asistir a una consulta con el especialista o con enfermería, el sistema te castiga sin permitirte pedir otra a través de la aplicación. Solo puedes hacerlo con tu médico de cabecera, como si él pudiera resolverlo todo.
Pedir cita en el sistema sanitario de Ceuta se ha convertido en una odisea digna de una novela de terror. Si por cualquier motivo no puedes asistir a una consulta con el especialista o con enfermería, el sistema te castiga sin permitirte pedir otra a través de la aplicación. Solo puedes hacerlo con tu médico de cabecera, como si él pudiera resolverlo todo.
La alternativa es peor. Si decides acudir presencialmente al centro de salud, prepárate para perder dos horas solo para coger número. Para los que trabajan, esto es sencillamente inviable. Y si optas por el teléfono, mejor ten paciencia: nadie lo coge nunca. Da igual la hora a la que llames, la línea suena como si fuera un adorno en la pared.
¿Qué ocurre con aquellos que no pueden permitirse perder una mañana en el centro de salud o insistir eternamente con el teléfono? Se quedan atrapados en un limbo sanitario, sin atención y sin soluciones. El Ingesa, en lugar de facilitar el acceso a la sanidad, parece haber diseñado un laberinto burocrático que frustra a los pacientes.
La sanidad pública es un derecho, no un privilegio, y no debería ser un calvario conseguir una simple cita. La tecnología, en lugar de ayudar, se ha convertido en una barrera más. Mientras tanto, los ciudadanos siguen esperando, a veces con problemas de salud urgentes, a que alguien decida atenderles.
Ceuta necesita un sistema sanitario eficiente, accesible y ágil. No es mucho pedir que se pueda concertar una cita sin tener que mendigar tiempo o paciencia. Porque lo que está en juego no es un trámite administrativo, sino la salud de todos.
