Lo ocurrido en el Estrecho este sábado roza lo incomprensible. En plena borrasca Emilia, con un temporal de levante más que anunciado y visible, un barco de Baleària decidió zarpar a las 23.00 horas desde Algeciras rumbo a Ceuta. No hablamos de una simple incomodidad para los pasajeros, sino de una decisión que puso en serio riesgo la integridad física y la vida de cientos de personas.
Lo ocurrido en el Estrecho este sábado roza lo incomprensible. En plena borrasca Emilia, con un temporal de levante más que anunciado y visible, un barco de Baleària decidió zarpar a las 23.00 horas desde Algeciras rumbo a Ceuta. No hablamos de una simple incomodidad para los pasajeros, sino de una decisión que puso en serio riesgo la integridad física y la vida de cientos de personas.
La travesía fue tan inviable como previsible. Ya cerca de Ceuta, el buque tuvo que darse la vuelta y regresar a Algeciras porque el temporal hacía imposible acceder al puerto ceutí. Es decir, se expuso a pasaje y tripulación a un peligro innecesario para acabar exactamente donde se había salido, pero tras horas de angustia y miedo.
Las consecuencias materiales tampoco son menores. En la bodega, los coches chocaban entre sí por el fuerte oleaje, como si el barco fuera una auténtica coctelera. Los daños son graves y evidentes, y alguien debe hacerse cargo de ellos. No vale mirar hacia otro lado ni escudarse en la mala suerte: el temporal estaba ahí y era de sobra conocido.
Por todo ello, hay que exigir responsabilidades. Baleària debe pronunciarse, pedir disculpas públicas y asumir los gastos de los desperfectos ocasionados. Y el capitán, como máximo responsable a bordo, debió prever lo que iba a ocurrir y no zarpar. Lo sucedido fue una auténtica temeridad, y como tal no puede quedar sin respuesta.
