La sesión plenaria de los presupuestos de 2026 dejó algo más que números: dejó frases para enmarcar y verdades incómodas. En medio de la tensión habitual, Fátima Hamed demostró que, cuando se habla claro, las cuentas no solo cuadran, también retratan. Porque no todo es sumar partidas; a veces hay que sumar coherencia.
La sesión plenaria de los presupuestos de 2026 dejó algo más que números: dejó frases para enmarcar y verdades incómodas. En medio de la tensión habitual, Fátima Hamed demostró que, cuando se habla claro, las cuentas no solo cuadran, también retratan. Porque no todo es sumar partidas; a veces hay que sumar coherencia.
La consejera de Hacienda, Kissy Chandiramani, acusó a Hamed de no querer negociar y soltó un didáctico “dos más dos son cuatro”. La réplica fue tan sencilla como demoledora: sí, dos más dos son cuatro, y nueve más cuatro son trece. Con esa frase, Hamed recordó que el Gobierno ya tenía los votos necesarios pactando con los no adscritos y que, por tanto, la supuesta falta de negociación con MDyC era más excusa que realidad.
Ahí estuvo el primer zasca, elegante pero certero: no se puede reprochar diálogo cuando no se necesita para sacar adelante las cuentas. Y menos aún vender voluntad negociadora cuando el rodillo de la mayoría ya está engrasado. Hamed puso palabras a lo que muchos pensaban y pocos se atrevían a decir.
El segundo golpe llegó al terreno de las prioridades. Resulta difícil explicar que haya dinero para subvencionar a la Fundación Ronald McDonald y, al mismo tiempo, se niegue una Clínica Radiológica tan necesaria para Ceuta y los ceutíes. No es demagogia, es sentido común: antes de mirar fuera, hay que atender lo que aquí falta.
Fátima Hamed no solo defendió a su grupo, defendió a la ciudad con argumentos y sin aspavientos. Kissy Chandiramani, en cambio, quedó atrapada en sus propias cuentas. Porque en política, como en matemáticas, no basta con saber sumar: hay que saber a quién y para qué.
