Hay cosas que en esta ciudad pasan y, sinceramente, ya casi ni sorprenden. Que Alejandro Ramírez haya dejado de ir lo del mercado del Mixto, que se pierda una subvención y que, al final, no pase absolutamente nada, entra dentro de ese catálogo de situaciones que uno comenta en el café con un “esto era de esperar”. Porque cuando no hay seguimiento ni responsabilidad, todo se diluye.
Hay cosas que en esta ciudad pasan y, sinceramente, ya casi ni sorprenden. Que Alejandro Ramírez haya dejado de ir lo del mercado del Mixto, que se pierda una subvención y que, al final, no pase absolutamente nada, entra dentro de ese catálogo de situaciones que uno comenta en el café con un “esto era de esperar”. Porque cuando no hay seguimiento ni responsabilidad, todo se diluye.
Lo preocupante no es solo el hecho de perder una ayuda económica que, se supone, debía beneficiar a todos. Lo realmente inquietante es la sensación de impunidad. Si alguien asume un compromiso público y simplemente deja de cumplirlo, lo lógico sería que hubiera explicaciones claras y, si procede, consecuencias. Pero aquí parece que basta con mirar hacia otro lado.
Además, conociendo la forma de actuar de Alejandro Ramírez, cuesta creer que esta situación vaya a reconducirse por sí sola. No es la primera vez que un proyecto se queda a medio gas, ni la primera vez que las promesas se evaporan con el paso de las semanas. La experiencia invita a pensar que esto tampoco saldrá adelante y que todo quedará en titulares pasajeros.
Y mientras tanto, el presidente Vivas sigue sin tomar medidas. Esa es la otra pata del problema. Cuando desde arriba no se exige responsabilidad ni se marca un rumbo firme, el mensaje que se transmite es claro: aquí no pasa nada. Así, el mercado seguirá igual, la subvención perdida quedará como una anécdota más y los ciudadanos, una vez más, pagarán la factura de la inacción.
