En tiempos donde muchos sindicatos parecen más preocupados por los mariscos y los trajes que por los derechos de los trabajadores, el sindicato SITA vuelve a dar una lección de coherencia y compromiso. Pide algo tan justo como que se reconozca la limpieza viaria como una profesión de riesgo. No hay más que ver a los operarios trabajando de madrugada, en condiciones insalubres, expuestos a accidentes, a enfermedades y a la falta de reconocimiento social. ¿De verdad no es una profesión de riesgo?
En tiempos donde muchos sindicatos parecen más preocupados por los mariscos y los trajes que por los derechos de los trabajadores, el sindicato SITA vuelve a dar una lección de coherencia y compromiso. Pide algo tan justo como que se reconozca la limpieza viaria como una profesión de riesgo. No hay más que ver a los operarios trabajando de madrugada, en condiciones insalubres, expuestos a accidentes, a enfermedades y a la falta de reconocimiento social. ¿De verdad no es una profesión de riesgo?
Lo de SITA no es postureo. Es lucha callada. No montan escándalos ni se dedican a enchufar familiares. No negocian prebendas ni reparten sillones. No tienen altavoces, pero sí tienen principios. Defienden a los trabajadores sin mirar su raza, su ideología o sus amistades. Algo que otros, con más medios y mejor prensa, hace tiempo que olvidaron. Y aún así, ahí siguen, con lo justo, con humildad, peleando cada día.
Este sindicato pobre, como ellos mismos se definen, nos recuerda a aquellos que levantaron el sindicalismo con dignidad: a los Marcelino Camacho, a los Nicolás Redondo, a los que entendían que un sindicato está para pelear derechos, no para escalar cargos. Hoy, esa esencia está en peligro, devorada por intereses personales, por redes clientelares y por mucho ruido y pocas nueces.
Por eso, cuando SITA reclama que se reconozca el riesgo que asumen los trabajadores de la limpieza viaria, no lo hace por oportunismo. Lo hace porque es de justicia. Porque sabe que si no lo piden ellos, nadie lo hará. Porque la calle se defiende desde la calle, no desde los despachos.
SITA debe seguir en esa línea. Con honor, con constancia, con humildad. Sin dejarse llevar por modas ni por atajos. Porque sindicatos como ese, aunque escasos, aún hacen falta. Y mucho. ¿Quién si no va a defender lo importante?
