La municipalización de la limpieza pública en Ceuta se vendió como el inicio de una era de eficiencia y justicia laboral. Sin embargo, hoy Servilimpce parece más una caja negra que una empresa al servicio del ciudadano. Mientras las calles exigen higiene, los despachos de la empresa huelen a un rancio sistema de gestión que creíamos superado: el de la "dedocracia" y el silencio.
La municipalización de la limpieza pública en Ceuta se vendió como el inicio de una era de eficiencia y justicia laboral. Sin embargo, hoy Servilimpce parece más una caja negra que una empresa al servicio del ciudadano. Mientras las calles exigen higiene, los despachos de la empresa huelen a un rancio sistema de gestión que creíamos superado: el de la "dedocracia" y el silencio.
El "Pasillo Maldito": El verdadero consejo de administración
En Servilimpce no mandan los estatutos, manda el "pasillo". Ese pasillo maldito donde se cocinan los favores, se deciden los nombres y se ignoran los currículos. Es el lugar donde la meritocracia se convierte en una molestia y donde la cercanía al núcleo de poder vale más que años de servicio o formación técnica.
¿Cómo es posible que en una entidad que maneja dinero público, la selección de personal siga pareciendo un casting de afinidades? La transparencia no es un adorno que se cuelga en una web institucional; es la obligación de explicar por qué fulano está dentro y mengano está fuera. Hoy, en Servilimpce, esa explicación es un vacío absoluto.
Un gerente a la deriva
A la cabeza de este barco encontramos una figura que parece más un espectador que un capitán. Hablamos de una gerencia sin competencias visibles, cuya mayor habilidad parece ser mirar hacia otro lado mientras el "pasillo" dicta sentencia. Gestionar una empresa pública de este calibre no requiere solo un despacho, requiere autoridad moral y técnica, dos ingredientes que brillan por su ausencia.
Si el gerente no sabe, no puede o no le dejan actuar, ¿para qué sirve su figura, más allá de engrosar la nómina de altos cargos?
El muro del silencio
Lo más preocupante es la omertà interna. Nadie dice nada, nadie sabe nada, nadie da información. Los sindicatos y los trabajadores honestos asisten con impotencia a un espectáculo donde la imparcialidad ha sido arrojada al contenedor de residuos orgánicos. Cuando una empresa pública se cierra sobre sí misma, suele ser porque tiene mucho que esconder y poco que celebrar.
Ceuta no puede permitirse una Servilimpce que limpie las calles pero ensucie las instituciones con prácticas de opacidad crónica. Es hora de que alguien abra las ventanas de ese pasillo maldito para que entre, por fin, el aire fresco de la legalidad y el mérito.
